Mis arrepentimientos se basan más en los no-haber-hecho que en los haber-hecho. No me atormento con los remordimientos de las veces que metí la pata colosalmente. De ahí sólo surge una vergüenza momentánea (aunque igualmente colosal, uh) y la necesidad de disculparme, más por consideración y respeto al otro, cla, porque justamente metí la pata y se tuvo que soplar la escena entera. Pero bueno, eso seguramente se convierte en una parte de mi material anecdótico personal, y si es suficiente para ser incluido en la bio-pic-ultra-ego que debo tener en la cabeza, eventualmente es algo que incorporo con gusto. Hurra por mandarse cagadas. Toda anécdota sirve en algún momento (por ejemplo, anteayer iba en el bondi para lo de Vir y como me empecé a reír por un mensaje que me mandó, sumándole que tenía puestas unas cancanes violetas y la bufanda de corazones verdes que me prestó ella y ya por eso la gente me miraba medio mal, me dije "pensá en algo serio o triste así no te reís como una mogólica enfrente de todo el bondi", y por un toque pensé en algo medio bajón para contener un poco la sonrisa de tarada, aunque la verdad que no me funcionó tan bien).
Volviendo a la neurosis en cuestión, lo que me jode no son las cosas que hice de más y que me debería haber reservado, sino que me joden los signos menos que tengo en (otra vez) la cabeza. Por ejemplo, me arrepiento de no haberle dedicado el libro de poemas de Bukowski que le regalé a Franco para su cumple de 26. Juan me dijo que los libros se dedican siempre, ey. Seh, estuve floja. Otra cosa es haber visto "Manhattan" sin Marcos. Prometimos verla juntos apenas nos conocimos (un súper crimen cinematográfico del cual ambos éramos culpables) y un día, después de una pelea cualquiera por alguna cosa que ya ni sé qué era, me enojé bien a lo típica julia y como venganza la vi sola. Claro que esto podría considerarse como una metida de pata, un algo-que-hice-de-más. Pero por alguna razón en mi cabeza se ve como un signo menos: la onda era ver esa peli con esa persona, ése era el plan, y yo lo arruiné, de cabrona ansiosa que soy. Sí, vi la peli, me encantó la peli, con Woody es un re signo más, pero me autorrobé una anécdota que esperaba con ganas. Me perdonó cosas peores, pero seguro ésa todavía no (me lo merezco).
Y entonces pienso, ¿y si lo que uno deja atrás no son las cosas que hizo, sino las que no hizo? Yo mil veces tuve la-chance-de, y obtuve a cambio un al-final-no. Hay varios signos menos que agradezco que existan, un signo más en ese lugar hubiera sido tremendo garrón, arrepentimiento del posta. Y hay signos menos que puedo arreglar, como el regalo de cumpleaños que le debo a mi hermana ya hace 24 horas. No me quiero colgar. Este signo menos lo anulo al toque.
Me pregunto por qué las deudas me pesan tanto.
Todo es posible de hacer, sí, ojalá me dé el tiempo para leer todos los libros que quiero leer y pelearme todas las veces que me tengo que pelear, pero ¿y si no pasan? ¿Me convierto en muchos signitos menos apretujados, mezclándose entre sí, intentando unirse perpendicularmente y formar un signo más de mentira?
Perdí la cuenta de las cosas que no hice. Igual sé que, entre todas las cosas que creo ser, algo que definitivamente soy es una lista infinita de películas no vistas con las personas prometidas.